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Che Comandante

viernes, 26 de febrero de 2010

El criterio de la objetividad en el periodismo

Manuel E. Yepe
Rebelión

El criterio de la objetividad en el periodismo ha servido para las mejores causas y también se ha manipulado para las peores.

Jorge Ricardo Mazetti, periodista revolucionario argentino quien fundó hace 50 años en La Habana la agencia latinoamericana de noticias Prensa Latina y fue su primer director general, definió la pauta que al respecto seguiría la agencia como “objetiva, pero no imparcial”.

En un artículo del experimentado periodista estadounidense Chris Hedges titulado “The Creed of Objectivity Killed the News” (El credo de la objetividad mató a las noticias), que denuncia aspectos interesantes acerca de la forma en que se manipulan los principios de la libertad de opinión y de prensa en Estados Unidos, se pueden apreciar algunos peligros a los que conduce el error de confundir ambos términos.

Advierte Hedges en este trabajo recién aparecido en el portal “Truth Dig” que el credo de la objetividad y el balance, formulado a inicios del siglo XIX por los propietarios de periódicos para lograr mayores ingresos de los anunciantes, ha acabado por desarmar y paralizar a la prensa.

Este credo de objetividad se hace conveniente y provechoso como medio para evitar verdades desagradables o enojosas a las estructuras de poder de las que dependen los medios noticiosos para acceder a la información… y a las ganancias. Transforma a los reporteros en simples observadores neutrales, proscribe la empatía, la pasión y la demanda de justicia por parte de los periodistas. Se les permite observar, pero no sentir o hablar con voz propia. Se les exige actuar como “profesionales” y considerarse a sí mismos desapasionados y desinteresados científicos sociales.

“Tan exaltada imparcialidad fortalece el papel de las exangües jerarquías burocráticas que son la enfermedad del periodismo estadounidense”, dice Hedges.

“La sola noción de que, para reportar un acontecimiento dado, todo lo que uno debe hacer es reportar lo que digan ambos bandos y con ello ha hecho usted un buen trabajo de periodismo objetivo, debilita la prensa”, ha escrito el finado columnista Molly Ivins, citado por Hedges. “La objetividad no existe, y la verdad -esa pequeña cabrona resbalosa- tiene el raro hábito de situarse siempre en un lado o en el otro, muy raramente se sitúa claramente a mitad de camino entre dos puntos de vista opuestos”.

Afirma Hedges que esto ocurre porque la mayor parte de las tramas no tiene dos lados, sino 17 o más, y también porque no tiene sentido, para el lector que se cite a una parte llamándola “gato” y a la otra diciéndole “perro”, cuando en verdad lo que hace crujir el monte es un “elefante”.

Dice el trabajo que muchos lectores, oyentes y televidentes acuden a la ultraconservadora cadena Fox News sólo porque es la única que dice algo diferente de los demás órganos de la prensa corporativa. Esta abyecta falla moral deja relegados y sin voz a un creciente número de estadounidenses. El alza de una despiadada oligarquía sitúa a la prensa tradicional en el lado equivocado de una creciente división clasista.

“El elitismo, el descrédito y la falta de credibilidad de la prensa –y hablo del número menguante de órganos que tratan de reportar noticias- son el resultado directo de esta sostenida y deliberada desintegración del corazón moral de los medios”, escribe Hedges.

“Yo he escrito, como muchos otros reporteros, cientos de artículos noticiosos y conozco que los reporteros comienzan con una colección de datos, declaraciones, posiciones y anécdotas, y luego eligen aquellas que crean el “balance” requerido por las normas del periodismo diario. Mientras más se acomode la información a las versiones oficiales – las de Wall Street, el Congreso, la Casa Blanca o el Departamento de Estado- más probabilidades de difusión tendrá la noticia”.

El periodista cita varios ejemplos de las exigencias que establece el control oficial de la prensa en los Estados Unidos:

urioso porque su tierra le ha sido ocupada por un colono israelí, hay que balancear señalando que Israel necesita proteger su seguridad y hablar de la guerra contra el terror.

-Si se acusa a Estados Unidos de “torturas”, hay que decir “abusos”.

-Si se manifiesta que Iraq se ha convertido en un infierno para su pueblo tras la ocupación, hay que recordar lo malo que era Saddam.

-Si un dictador cualquiera nos apoya hay que llamarlo “hombre fuerte”. Si es nuestro enemigo debe llamársele “tirano” o “miembro del eje del mal” y, por sobre todo, “terrorista”.

-Y si las instituciones encargadas de nuestra protección abusan del poder, debemos recordar a los lectores, oyentes y televidentes que se vive en una era peligrosa en la que así debe ser la lucha por destruir a nuestros enemigos.

Según Hedges, cuando el reportaje depende del nivel de acceso a la fuente que el periodista pueda lograr, es muy difíci-Si se menciona a un palestino fl desafiar a quienes lo conceden o lo niegan. Es esa la razón por la que gran parte de los reporteros de prensa en Washington han devenido en cortesanos. La necesidad de ser incluidos en las listas de los autorizados a estar en las conferencias de prensa y de lograr entrevistas con funcionarios del gobierno y de los negocios, así como la posibilidad de conocer sobre filtraciones de información y obtener rápido acceso a los documentos oficiales, acaban con la autonomía periodística en Estados Unidos.

jueves, 25 de febrero de 2010

El día que Caracas se sacudió


Por: Eva Moreno Bravo (*)
Fecha de publicación: 25/02/10

El 4 de diciembre de 1988, Carlos Andrés Pérez, candidato de Acción Democrática, triunfa en las elecciones presidenciales con el 52,91 % de los votos frente a su más cercano contendor, Eduardo Fernández, candidato de COPEI. El 2 de febrero del ‘89, en medio de una gran expectativa popular, asume por segunda vez la Presidencia de la República, en una fastuosa “ceremonia de coronación” –como fue llamada por los medios de comunicación de la época- celebrada en el Teatro Teresa Carreño de Caracas a la que asistieron mandatarios de todas partes del mundo.

El país entero presenciaba atónito el derroche con el que se daba inicio a este periodo presidencial, que contrastaba abiertamente con la profunda crisis económica en que se encontraba sumido el país, a causa del agotamiento del modelo de desarrollo basado en la renta petrolera, la creciente inflación, el deterioro de la calidad de vida, la corrupción generalizada y el progresivo endeudamiento interno y externo del país.

El 16 de febrero, el Ejecutivo Nacional anuncia a los venezolanos el llamado “paquete económico”, inspirado en las medidas neoliberales dictadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI). Este “paquete” consistía en un programa de ajustes económicos de corte neoliberal que incluía algunas medidas que serían aplicadas de forma inmediata y otras que se implementarían de manera gradual.

Entre las medidas más impactantes podemos mencionar: la firma de la Carta de Intención con el FMI, con el objetivo de someterse a su programa de ajustes: liberación de las tasas de interés pasivas y activas hasta un tope del 30 %; eliminación de la tasa preferencial; liberación de los precios de todos los productos a excepción de 18 artículos de la canasta básica; aumento de las tarifas de luz, agua y teléfono; progresiva eliminación de los aranceles de importación; congelamiento de los cargos en la administración pública; aumento del 100 % del precio de la gasolina y del 30 % en las tarifas del transporte público; además de la privatización de las empresas públicas con la finalidad de disminuir el gasto fiscal.

Pérez en su discurso del día 16, expresó que se avecinaba un período de austeridad y sacrificio para el país, a la vez que hacía un llamado al pueblo para aunar esfuerzos y sobrellevar las severas medidas económicas que el Ejecutivo pretendía imponer. Este discurso desentonaba no sólo con las promesas que pocos meses atrás había hecho a sus electores, sino con la imagen -todavía fresca en la memoria de los venezolanos- de aquella fastuosa “ceremonia de coronación” con la que CAP dio inicio a su segundo mandato. De esta manera, el recién instalado gobierno daba al traste con las esperanzas que el pueblo venezolano que, una vez más, había depositado en un candidato y en un partido político.

Una de las primeras medidas tomadas por el gobierno y la de mayor impacto económico para la población, fue la del aumento de la gasolina, que tuvo como consecuencia directa el alza del 30 % en el pasaje del transporte público, hecho oficial por el gobierno el día 26 de febrero. Sin embargo, los transportistas, haciendo caso omiso a este decreto, aumentaron de manera arbitraria los pasajes en un 100 %, ante la mirada pasiva de las autoridades. Esto generó, el 27 de febrero, una espontánea protesta popular desde tempranas horas de la mañana en algunas zonas del área metropolitana como Guarenas, Caricuao y el Nuevo Circo. Protesta que a lo largo del día se fue intensificando y extendiendo a otras zonas de Caracas, así como a las principales ciudades del país.

Al malestar a causa del aumento desmedido del pasaje, se sumó el descontento que desde días atrás experimentaba la población, debido al acaparamiento y especulación de los alimentos de la canasta básica. Es por ello, que a la par de las protestas por el alza del pasaje se desata una violenta ola de saqueos en abastos, supermercados y otros comercios, generándose un caos prácticamente a nivel nacional. Situación que se prolongará por varios días, sobre todo en los sectores populares de la ciudad capital.

La reacción del gobierno ante los hechos no fue la rectificación de las medidas del “paquete económico”, sino la represión brutal de la protesta popular, la suspensión de las garantías y el toque de queda, lo que trajo consigo asesinatos, violaciones a los derechos humanos, atropellos y abusos por parte de los efectivos policiales y militares que fueron lanzados a las calles para reprimir a la población sin distingo de edad, sexo o condiciones físicas.

Hoy, 27 de febrero de 2010, a 21 años del Caracazo, los recuerdos de estos dramáticos sucesos y las causas que los produjeron permanecen vivos en la memoria de un pueblo que decidió tomar el camino del socialismo y la revolución.

Febrero de 1989 quedó en la memoria de los venezolanos como el momento en el que el pueblo insurgió frente a un Estado anacrónico que no respondía a sus verdaderas necesidades, con lo cual se avisoraba el fin de la llamada democracia representativa en nuestro país.

El 27-F es reacción popular frente a las políticas neoliberales y entreguistas del recién estrenado gobierno de CAP; es expresión de las desigualdades estructurales que se consolidaron durante el sistema de partidos propio de la IV República. Durante el Caracazo el pueblo desmontó la ilusión de prosperidad petrolera que la soberbia clase política de entonces se empeñaba en mantener.

El 27-F visto a la luz de la actualidad, es expresión del genuino Poder Popular Constituyente. El Caracazo es referente histórico de la Revolución Bolivariana, es el inicio de un proceso histórico de transformación, en el cual el pueblo es protagonista y forjador de su propia historia, definida por el tránsito hacia el Socialismo Bolivariano.

Por eso, el espíritu que impulsó aquel alzamiento permanece vivo e inalterable, las muertes provocadas por aquel gobierno decadente y cobarde no atemorizó al bravo pueblo venezolano, que por el contrario transformó aquel sentimiento de muerte y persecución en una fuerza popular indetenible que encauzó esa energía hacia el proceso democrático, inclusivo, participativo y protagónico que hoy experimentamos en Venezuela. Nunca mas el pueblo de Venezuela estará sumido bajo dictados intervencionistas y neoliberales impuestos por el imperio, nunca más será perseguido ni asesinado impunemente como en aquellos días de febrero de 1989.

No volverán.

¡Patria Socialista o Muerte, Venceremos!

(*) Dirección de Investigación y Asesoría Histórica.
Asamblea Nacional

ernestosilva@an.gob.ve

martes, 23 de febrero de 2010

Ofensivas digitales para incriminar, calumniar y desmoralizar... Violencia semiótica contra Hugo Chávez

Fernando Buen Abad Domínguez
Rebelión

Manipulan videos, manipulan dibujos, manipulan fotografías... para ridiculizar, descalificar y criminalizar

Es difícil calcular el número de imágenes (visuales, sonoras o literarias), que circulan por todas partes, para ridiculizar la jerarquía política, la autoridad moral y el aliento revolucionario del presidente de Venezuela. No caeremos aquí en la trampa de reproducir alguna de esas imágenes pero tampoco caeremos en la trampa de guardar silencio ni escaparemos a la responsabilidad de dar la batalla semiótica que nos toca en el escenario mundial de Guerra Simbólica. En última instancia no tendremos miedo de denunciar... (con miedosos ya están plagadas muchas universidades, casi todas las sectas y muchas burocracias). ¿Suena esto a bravuconada?, ¿A belicismo?, ¿Suena, acaso, a “poco científico”?, ¿Suena a poco serio?. Veamos.

El repertorio de las agresiones simbólicas contra el presidente Hugo Chávez, obedece a los protocolos ideológicos más ortodoxos de la “Guerra de IV Generación”. Se trata de perpetrar un crimen que, al ridiculizar u ofender al presidente de la nación, atenta contra la voluntad democrática de un pueblo. Y viceversa. Golpe bajo con las intenciones más perversas. Algunos dirán que es cosa del “sentido del humor”, otros dirán que “ejercen su libertad de expresión”, algunos más dirán que se trata de una “forma didáctica” de ejercer la disidencia y la crítica... Hay canallas “tecnificados” que usan computadoras, cámaras de video, fotografías... los hay que ponen cámaras escondidas, micrófonos y dispositivos para la intercepción de correos electrónicos. No faltan los que espían los ordenadores e incluso los que espían e intervienen los “mail” y los “chats”. Cualquier cosa les sirve para sembrar focos de violencia simbólica cuyo objetivo sea “quemar”, ridiculizado, a un mandatario democrático en hoguera de la manipulación tecnológica y la “plaza pública” del espionaje. Incluso de lo más privado.

Las imágenes manipuladas son un relato claro de las perversiones que anidan en las mentes de quienes financian y/o realizan iconografías para la ofensiva oligarca. Muchos están altamente tecnificados y consiguen piezas cargadas con volúmenes inexpugnables de violencia psíquica. Usan cualquier escena, de la vida real, de la intimidad, del espacio público... nada detiene a los fines aviesos. Basta con que la imagen ofrezca un flanco, un gesto, una debilidad... una intimidad, para que se lo use como arma descalificadora, ridiculizante y desmoralizante. Se subordina la tecnología al goce de la degeneración y emerge de semejante coctel una galería monstruosa de iconos o animaciones constitutivos de un arsenal de ideas y gráficas explícitamente terroristas. Muchos se hacen cómplices simplemente con las risotadas soeces. Hacen reinar la mentira. Así se empieza.

Hasta hoy, para los nada escrupulosos espías financiados por oligarcas, vale oro -como receta bélica convencional- el golpe moral de someter a ridículo, exhibir como cadáver o mostrar en “actos impúdicos”... la imagen de un líder. Si este es un líder transformador y revolucionario... les inspira mayores odios. Para ellos “todo vale” (menos los argumentos racionales, claro). Para ellos toda desazón, todo descorazonamiento, todo miedo y toda duda son terreno codiciado. Su “Alma Mater” es el dinero y su fin último es desmovilizar al enemigo sin importar qué obscenidad haya que usar. Hay ejemplos a raudales y se gasta, en ello, millonadas monstruosas. El objetivo es sembrar el caos, sustituir los valores, obligar a creer en lo falso. Representar una tragedia, la muerte, lo irreversible... y destruir la moral y la conciencia del otro. Especialmente si es socialista.

Se trata de mancillar la imagen del líder, se trata de quebrar la dirección, se trata de quitar las ganas y degenerar los procesos revolucionarios que se desarrollan en el interior de la lucha de clases. Todo sirve para semejante inmundicia: Literatura, cine, teatro... televisión... todos sometidos para que reflejen y ensalcen los intereses más bajos, más retrógrados. Se trata de sembrar e inculcar, en la conciencia colectiva, el miedo, el desconcierto, las dudas, la desconfianza y la sorna con tufo de violencia, sadismo y traición. En concreto: cualquier tipo de inmoralidad.

Su idea es sembrar el mundo con caos y confusión y que eso que parezca un “paraíso” donde la violencia contra los pueblos sea activa y constante, déspota, corrupta... domine la falta total de principios, la muerte de la honradez y la honestidad que serán ridiculizadas, innecesarias y convertidas en causa de represión. Mundo donde reina el descaro, la insolencia, el engaño y la mentira... la sangre todo lo envuelve, las degeneraciones sexuales se naturalizan con tufos de alcoholismo, drogadicción, miedo irracional, traición, fascismo y enemistad entre los pueblos, desconfianza entre las personas y sobre todo el reino del odio cultivado pertinazmente. A Hugo Chávez se lo agrede inmisericordemente desde cualquier posición. No importa si son locutores, lectores de noticias, sacerdotes o catedráticos. Abren la boca preñada con odio para ridiculizar, por ejemplo, con tonitos sarcásticos... para manipular fotografías, videos o audio... para calumniarlo, desacreditarlo y sentenciarlo a convertirse en “desecho de la historia” producto (según no pocas mentes homicidas) de alguna bala o algún recurso como los que, incluso por televisión, se le han vaticinado. Todo queda en la impunidad. En sus intenciones más abyectas los manipuladores de imágenes y sonidos (de imaginarios incluso magnicidas) ponen por “target” a los jóvenes para corromperlos, desmoralizarlos y pervertirlos. Ya hay videojuegos al respecto.

Podríamos formar un expediente del horror inmenso si juntásemos, sólo, en una casuística latinoamericana todas las formas de agresión simbólica contra Hugo Chávez que se publican a diario. Todas las risitas mañaneras de los lebreles periodísticos, todas las noticias deformadas para exhibirlo como “ineficiente”, “autoritario”, “dictador” y “comunista”. Todas las fotografías, los “pies de fotos”, los videos y las pistas de sonido, prefabricadas para que se vea lo “ intransigente”, lo “antidemocrático”, lo “amenazador” que es Chávez. Podemos estudiarlo y debemos denunciarlo, al los cuatro vientos y a voz en cuello. Debemos ejercitar la denuncia y entrenar la contraofensiva. Debemos cumplir nuestras tareas, por razón de justicia y por el bien de todos... mientras echamos nuestras barbas a remojar porque todos podemos ser la próxima víctima. Sonría nos están filmando.

domingo, 21 de febrero de 2010

La mala ficción de la TV

Edgar Borges
Rebelión

La televisión (sobre todo en su concepto informativo) me parece una mala ficción. La radio, en cambio, al igual que un libro, ofrece la posibilidad de construir una realidad poderosa, saludable, siempre con la activa participación del receptor. La voz que cuenta una experiencia a través de la radio invita al oyente, por la característica mágica del medio, a levantar sus propias interrogantes. Con toda la carga de reflexión y diversidad que eso implica. Un libro es eso, una interpretación del yo y de los otros; el escritor expone su voz y el lector la diseña según su propia inventiva.

La televisión (que conocemos) ha actuado como creadora de una realidad pasiva, mediocre y engañosa. Bastaría con analizar la siguiente frase del escritor Peter Handke: “En la televisión, un dirigente palestino hablando en árabe muy tranquilo mientras la intérprete traduce muy apasionada al francés”. Ante esto, habría que preguntarse: ¿Qué le ocurre a la intérprete? O si aplicamos la interrogante al día a día televisivo: ¿Por qué la reportera está tan nerviosa? Sin embargo, en la atención del espectador quedará la angustia de la intérprete o de la reportera, como así lo manda la lógica televisiva (un nuevo ataque a los nervios aumenta la estupidez, y los patrocinios, dice un “agudo” gerente de la tv) Poco o nada se comprenderá el mensaje del dirigente palestino. Pero, ¿cuál sería el efecto si en reposo mental (cosa imposible en medio del circo informativo global) observáramos la representación (porque es una mala representación) de la reportera? ¿Acaso no nos compadeceríamos de su sistema nervioso? ¿No pensaríamos que todo el personal de esa empresa requiere con urgencia tratamiento psicológico?

No obstante, como la observación no es un recurso normal por estos días, el pánico se siembra en la vida cotidiana del espectador. Y se asume como realidad colectiva la mentira de unos pocos. La gente en la calle juega a gritar como gritan los presentadores; juega a sufrir como sufren los protagonistas del show planetario televisivo; juega a temblar de miedo como tiemblan de miedo los reporteros; juega a amar como aman los personajes de las telenovelas; juega a vivir como cuentan la vida los noticieros. Juego mediocre que sólo respeta las reglas del poder. Reglas que se interpretan para trastocar la vida de las mayorías. De la mentira de la objetividad pasamos a la imposición de una subjetividad: la del mercado de consumo.

Habría que detenerse, contemplar el festival de la ignorancia mediática y desde la calma preguntarse: ¿Es que los seres humanos somos tan mediocres como nos dibuja la tv?

P.D.: Habrá que ver si aceptamos que Internet sea una réplica de la dictadura de la mediocridad o un recurso de nuestra inventiva.

viernes, 19 de febrero de 2010

Vida cotidiana y vida mediática

Edgar Borges
Rebelión

En el libro “Lo infraordinario” (Impedimenta), Georges Perec (Francia 1936-1982) escribe: “Quien nos habla, me da la impresión, es siempre el acontecimiento, lo insólito, lo extraordinario: en portada, grandes titulares. Los trenes sólo empiezan a existir cuando descarrilan y cuantos más muertos hay, más existen; los aviones solamente acceden a la existencia cuando los secuestran; el único destino de los coches es chocar los árboles: cincuenta y dos fines de semana al año, cincuenta y dos balances: ¡tantos muertos y tanto mejor para las noticias si las cifras no cesan de aumentar! Es necesario que tras cada acontecimiento haya un escándalo, una fisura, un peligro, como si la vida no debiera revelarse nada más que a través de lo espectacular, como si lo elocuente, lo significativo fuese siempre anormal: cataclismos naturales o calamidades históricas, conflictos sociales, escándalos políticos…”

La reflexión de Perec, que bajo el título “¿Acercamientos a qué?” representa la introducción del libro (traducido por Mercedes Cebrián), me reafirma la idea que me asalta (quebrando la realidad absolutista) cada vez que observo la calle y comparo vida cotidiana y vida mediática. Con el paso del tiempo la estructura mediática dominante (en cada momento histórico), a nivel informativo, ha ido creando una vida artificial que muy poco o nada tiene que ver con la vida anónima, sencilla, íntima, de las personas. Del periódico que ejercía de intermediario del poder en una determinada región, pasamos al voraz crecimiento de una industria televisiva que en las últimas décadas del siglo XX terminó de consolidar la realidad según el criterio del mercado de consumo mundial (bajo la dictadura del morbo y del miedo). Y hoy, siglo XXI, cuando las llamadas nuevas tecnologías (Internet como la Madre Red) le “regalan a cada quien una realidad satélite de la realidad colectiva impuesta, hemos asumido (al ciento por ciento) el guión de una falsa (y mediocre) instantaneidad. Cambiamos la memoria vivencial por la memoria mediática. Ya no hay educación ni cultura que valga; la pauta la dicta la industria de la estupidez. Hay un molde de realidad para cada grupo consumidor.

En casa el bombardeo de noticias (y la banalización del dolor) me hace temerle al mundo. De la puerta para fuera el infierno; dentro, seguramente, convivo con bestias disfrazadas de amigos. ¿Quién me arrancará hoy la cabeza? Un vez que salgo a la calle (con cuatro ojos y siete sentidos en alerta), mucho después de largas horas de contemplación, me preguntó: ¿dónde están los abominables asesinos? ¿por dónde andarán las malas madres? ¿dónde está tanto marido desalmado? ¿dónde se escondieron los hijos monstruosos? ¿Dónde están todas las realidades específicas con las que la televisión pretende generalizar nuestras vidas? Georges Perec dice que “La prensa diaria habla de todo menos del día a día. La prensa me aburre, no me enseña nada; lo que cuenta no me concierne, no me interroga y ya no responde a las preguntas que formulo o que querría formular…lo que realmente ocurre, lo que vivimos, lo demás, todo lo demás, ¿dónde está? Lo que ocurre cada día y vuelve cada día, lo trivial, lo cotidiano, lo evidente, lo común, lo ordinario, lo infraordinario, el ruido de fondo, lo habitual, ¿cómo dar cuenta de ello, cómo interrogarlo, cómo descubrirlo?”

La interpretación ha quedado reducida a la nada; la individualidad, hoy como nunca antes, está siendo arrollada por la uniformidad de una cultura global engañosa (vacía, hueca). Son muchos los escritores que han asegurado que la vida es una mierda. Perec, en cambio, se maravilla con “Lo infraordinario”. Su observación de lo pequeño lo convierte en un notario de todo aquello (circunstancias, objetos, etc.) que ha dejado de asombrarnos. Quizá, después de todo, la mierda sea la realidad mediática que sepulta (y adormece) los pequeños detalles de nuestra particular existencia.

jueves, 18 de febrero de 2010

Periodismo y verdad, la objetividad en discusión

Pablo Bilsky
TMO

El debate es tan viejo como el lenguaje humano. Para algunos la objetividad existe y es algo así como la coincidencia entre “la realidad” y su representación a través de la palabra. Para otros no existe, porque el que habla o escribe es un sujeto histórico, y lo que expresa es apenas su visión desde su particular lugar en el mundo. En medio de esta antigua discusión, ahora se plantea que la búsqueda de la presunta objetividad es, además, uno de los factores que está matando al periodismo. La pasión y la postura personal del periodista quizás sea lo único que le quede a la prensa para salvarse de la debacle.
El filósofo Friedrich Nietzsche (1844-1900) aseguró que “no hay hechos sino interpretaciones” y vinculó el concepto de verdad con el poder: es verdad aquello que el que tiene más poder dice que es verdad, afirmó el pensador alemán. La aristocracia griega, menciona Nietzsche, decía “nosotros los veraces” para definirse a sí misma y dejar claro que de ellos emanaba la verdad.

El psicoanalista Jacques Lacan (1901-1981) indicó que la realidad “tiene la estructura de un relato de ficción”, y consideró que aquéllo que experimentamos como realidad no es nunca la cosa en sí, sino que ya está simbolizada, constituida, estructurada por mecanismos simbólicos. Y esa simbolización, además, nunca logra cubrir por completo lo real. Siempre queda algo por cubrir, por simbolizar, señaló el psicoanalista francés.

El lingüista Oswald Ducrot osó poner en duda lo que nos enseñaron en la escuela. En la clase de Lengua se hace una diferencia tajante entre el discurso argumentativo, donde sí estaría puesta la subjetividad del emisor para convencer de su postura al receptor, y el discurso descriptivo, que, en cambio, sería un “reflejo objetivo” de la realidad. Para Ducrot no se puede trazar tan claramente esa línea divisoria. Y va más allá en su ataque a la objetividad: las descripciones son argumentaciones ya naturalizadas, asegura Ducrot.

La discusión es eterna, farragosa e implica una multiplicidad de factores y variables que atañen a disciplinas como la lingüística, la filosofía, la comunicación social, la semiótica y la hermenéutica, entre otras.

En medio de estas reflexiones, que son tan viejas como las propias palabras, el lugar del sujeto y del objeto se ha puesto más de una vez en el centro de la cuestión. Y la gran pregunta es si la lengua resulta apta para dar cuenta de la realidad, para representarla, para simbolizarla, siendo que siempre va a estar la mediación de un sujeto, quien además actúa determinado por otras tantas mediaciones.

En los últimos años esta antigua cuestión, que aparece una y otra vez y jamás desaparecerá, porque está en el corazón mismo de la cultura lógica y logocéntrica de Occidente, mostró una nueva cara y se incorporó a otro tema de análisis más específico: la objetividad en la prensa. Los ejes del debate pasan por dilucidar si la presunta objetividad existe, si es deseable, si es una excusa vil de los más deshonestos o acaso un anhelo bienintencionado pero condenado al fracaso, entre otras muchas cuestiones. El último avatar de esta polémica tiene que ver, asimismo, con la reflexión, más nueva, acerca del incierto futuro de la prensa escrita. Los diagnósticos en este sentido varían. Algunos ya le dan la extremaunción, y otros plantean que son necesarios profundos cambios para que sobreviva. En una nota publicada en el sitio estadounidense Truth Dig y reproducida en Alternet se afirma que la búsqueda de objetividad está matando al periodismo, porque lo condena a la falta de pasión, a una mirada fría, sosa y hueca, que no transmite sentimientos ni ideologías, ni las posturas personales del testigo de los hechos. Según la nota firmada por Chris Hedges y titulada “La objetividad está matando a los diarios y vamos a estar peor cuando cierren” no hay que echar la culpa de la debacle de los diarios a Internet sino al periodismo “sin sangre y sin alma” cuya existencia puede verificarse incluso entre los medios progresistas, según se afirma.

Hedges plantea una situación cotidiana en una sala de redacción de un diario. El periodista vuelve de cubrir una nota, regresa de ser testigo, por ejemplo, “de lo peor del sufrimiento humano”. El cronista se siente indignado, furioso y conmovido por lo que le tocó ver, pero una vez en el diario se enfrenta con sus jefes, sus editores. Y muchas veces, señala el autor de la nota, es silenciado por quienes están en puestos jerárquicos y se interponen entre la pasión del periodista y el lector. “El credo de la objetividad y el equilibrio, formulado a principios del siglo XIX por los propietarios de los periódicos para generar mayores beneficios de los anunciantes, desarma y deja lisiada a la prensa”, señala la nota de Hedges. “Y el credo de la objetividad se convierte en un vehículo conveniente y rentable para evitar enfrentarse a las verdades desagradables y para no enojar a una estructura de poder. Este credo transforma a los periodistas en observadores neutrales o voyeurs. Se destierran la empatía, la pasión y la búsqueda de la justicia. Los periodistas están autorizados a ver, pero no para sentir o para hablar con su propia voz. Funcionan como profesionales y se ven a sí mismos como científicos sociales desapasionados y desinteresados. Este alarde de falta de parcialidad, impuesto por las jerarquías de los burócratas, es la enfermedad del periodismo estadounidense”, señala el autor de la nota, que se refiere específicamente a la prensa de su país, aunque acaso su análisis bien podría funcionar como disparador para visualizar qué sucede en otras latitudes.

Hedges demuele el mito de las dos caras de la realidad, el cuentito de contar las dos campanas y ese tipo de simplificaciones, siendo que la realidad posee infinitas y cambiantes aristas, afirma el autor. Estas falacias finalmente conducen, se indica en la nota, a publicar la “versión oficial” de los hechos. Es decir la del poder.

Volvemos a la época de la aristocracia griega, entonces. Los más poderosos son los que indican qué es verdadero y qué es falso. Lo pueden hacer directamente o a través de escribas a su servicio. Porque lo que el texto muchas veces oculta bajo el ropaje de la objetividad (y a esto le han llamado “ideología”), es desde dónde, desde qué lugar social e histórico, desde qué intereses particulares se dice lo que se dice. O sea, al servicio de quién, de los intereses de qué actor social, está el texto. O sea que muchas veces sigue ocurriendo lo mismo que durante la aristocraciagriega, pero ahora bajo el ropaje de una presunta “objetividad” que es apenas una engañifa,

La opacidad del discurso, su capacidad o incapacidad para reflejar la realidad, sin embargo, no borran en absoluto el límite ético en el ejercicio de la labor del trabajador de prensa. Ese límite es claro, concreto, y preciso. El límite es mentir a sabiendas, tergiversar una información. La mirada subjetiva pero honesta describe lo que ve, desde su particular punto de vista, desde su específico lugar social y económico, pero describe lo que sinceramente ve. El mito de la “objetividad”, en cambio, oculta muchas veces los intereses más inconfesables e inconfesados.

Por eso, los que hablan de “objetividad” y “periodismo independiente” dejan al desnudo, al usar estas expresiones que saben falaces, que cuentan con el alto grado de impunidad de los más poderosos, en principio. Y develan, asimismo, el núcleo duro, el trasfondo más oscuro y oculto de su ideología: desprecian al público, no lo respetan en absoluto, intentan manipularlo en beneficio de sus patrones. Y hablan desde la orgullosa posición de quienes lo hacen en nombre de una élite que ha hecho de la verdad su propiedad privada.

Tomado de Rebelión.

lunes, 15 de febrero de 2010

Ellos, crucifican la ternura


El ayer tiene nombre
Cuarta república
El presente escuálidos
Putrefactos
Mal oliente de miseria
Escoria enjuagados
Con pintura democracia
barata de apellidos
Ellos crucifican la ternura
El odio lo engrandecen
La avaricia la embelesen
El egoísmo lo veneran
Y asesinan la palabra
La justicia
la prostituyen
Con los gritos miserables de sus bienes
Se enjuagan con su mierda
Entre ellos, se aniquilan
Para quedarse con su cuajos de miserias
Escuálidos
Mierda oliente del pasado
Del presente son cobardes
Cangrejos madrugadores del complot
Visceral de la discordia
El hoy los aniquila
La revolución los desenmascara
En sus acciones capitales mierda gringa
A ellosEscuálidos
Se les dicta la sentencia al silencio...

viernes, 5 de febrero de 2010

El Mal tiene Cuerpo de Personas

Adolfo Payés

Entré precipitadamente al seminario franciscano en los planes de Renderos, buscando en los brazos del recinto, cobijo protector para mi vida que no sé si pendía, en esos momento, de un hilo. Detrás de mi venían cinco bestias que con ropas siniestras de la muerte seguían mis pasos, ellos me arrastraron, a golpes, me secuestraron en pleno día, y, en seminario de los planes de Renderos. Me vendaron los ojos, y así me llevaron casi arrastras al vehículo en el que me acomodaron con sus fusiles y pistolas machacando la fractura fácil de mi cuerpo. Me tiraron dentro del vehículo... pusieron sus fusiles y sus botas en la espalda, mientras uno sólo, me golpeaba la cabeza. Y me gritaban amenazándome que me matarían chasqueando la pistola simulando un tiro en mi sien... torturas psicológicas que ellos en ese momento utilizaron para presionarme sobre cuerpo atisbando de las torturas que vendrían, y que me hicieron desde el momento de mi captura, de mi secuestro que como bestias harían en mi, lo inimaginable al ser humano... durante cinco días sufrí las horrendas torturas infringidas al ser humano. ¿Pueden personas hacer el daño más cruel a otro ser humano? Preguntas que evidenciaban mi desesperación, la incomprensión me llevaba al desánimo. Torturas que sólo era el preámbulo de que lo que harían en las cárceles de la policía de hacienda. Recorrí los re conditos más siniestros de las cárceles de el salvador. Cuando me secuestraron estuve desaparecido para mi familia varios días. En las cárceles clandestinas torturaron mi cuerpo, golpearon mi enjuto cuerpo con las vestimentas y herramientas que posee el mal. la maldad para mi había aparecido con rostros de personas, con nombres y familia. La capucha se convirtió en el día a día, cada cinco minutos venían a quitarme el valioso aire que necesitan mis pulmones, mi cuerpo para la vida, así durante cinco horas. Las torturas se convirtieron para mi cuerpo en rutina, la electricidad penetraba los huesos que lívidos, ya de sentimiento al dolor, solo crujían en el silencio oscuro del calabozo. Los días que me tuvieron bajo torturas no había alimento, ni agua. Solo había secamente sed y hambre. Me hincaba con el dolor del cuerpo que me subía desde la punta de los pies hasta la cara más esquelética de mi efigie. La sed llegaba a mi cuerpo y buscaba la desesperación de calmarla metiendo la boca a las mas sucias aguas del retrete, de ahí bebía una y otra vez. Con los ojos cerrados bebía el olor mal diciente del servicio, el olor a excremento entraba en mis fosas nasales a golpear mis pulmones llenos de mierda en vez de aire, mi estómago lleno de bacterias en vez de agua. Los días bajo esas torturas choques eléctricos y capucha, golpes más golpes. Más, más, más.... semidesnudo en las celdas del olvido, durante cinco días mi piel sufrió la intemperie de los calabozos de la policía de hacienda. Solo me mantenía en piel la posibilidad de arrancarle de las garras de estas bestias, la ternura de la utopía. La ternura de la posibilidad de convertir lo que estaba sufriendo en el pasado. De convertir la mediocridad de este sistema en al más humano para las mayorías. Eso me mantenía alerta, casi muerto en esas celdas oscuras y fúnebres con gritos de compañeros y compañeras que recién morían en las celdas de la policía de hacienda. Me sacaron en un vehículo en la madrugada de un día del tiempo que estuve en sus garras, y me llevaron a un lago cercano a la capital, en él me lanzaron y me dispararon a lado de la cabeza, las bestias jugaban con mi cabeza a la ruleta rusa. Inmediatamente y al ver que ellos se divertían con mi frágil cuerpo, estaba en sus garras, las garras de la muerte jugaban con mi cuerpo haciendo que sintiera lo más cerca sus caricias. Me tiraron al pavimento de una carretera que cubría sus espantos, pusieron sobre ella mi cabeza, pisotearon mi cuerpo. Dos o uno, no recuerdo muy bien ahora, presionaban sus botas en mi cara, mi cabeza parecía el juego entretenido de la muerte. Y acercaron su vehículo a mi cabeza, sus ruedas aceleraban sobre mi cuerpo inerte y en sus manos la posibilidad de hacerlo añicos en la calle. Será que piensen que fue un accidente al día siguiente, pensaba mientras mi alma disimilaba su miedo con mi cuerpo tembloroso lleno de arrugas por las torturas infringidas por las bestias de la policía de hacienda. Así y en sus menesteres nos atrapó la mañana, el sol casi acariciaba a la muerte que rondaba ya no la noche, si no el día. Volvieron mi cuerpo a las celdas y siguieron, con su trabajo sobre mi cuerpo mas enjuto y sin fuerzas en las garras de las bestias que rondaban los calabozos de la policía de hacienda. El silencio mugriento y mal oliente de la celda era interrumpido por algún que otro grito de una compañera que estaba siendo violada por los esbirros que dilapidaban en ella, o en él, su ansias locas de una paz sobre la tortura, por una paz sobre los desparecidos y los miles de muertos. La celda se habituó a mi, mi cuerpo se hizo parte inconclusa del suelo. El retrete era la fuente de agua fresca que inundaba mi estómago con tanta porquería que recién llenaban los asesinos de la muerte lenta, en mis entrañas. Rutina que se hizo a la celda mis gritos, mis silencios y mis agonías en las clandestinas cárceles de la policía de hacienda.
Recorrí casi todas las cárceles del país, Mariona en la capital. 22 días después me trasladaron a otra cárcel en el pueblo de Sensuntepeque. En ella viví los peores días de mi vida con una, viví la experiencia cruel y encendida de la muerte diaria producto de un sistema injusto que ve en ellas la redención de los asesinos., cuando es todo lo contrario. La muerte es la visita diaria de lo cotidiano. Así viví durante dos años y medio hasta que otra vez, y por fortuna, me trasladaron a la cárcel de la capital. La estancia en ella me duró una semanas, y el traslado se me empezó a hacer rutina, esta vez a la de Santa Ana. Sentí por primera vez el cansancio psicológico de mi agonía. Empecé por primera vez a dormir con los ojos cerrados y con la solidaridad de los otros presos políticos que como yo luchábamos por cambiar el sistema injusto que todavía pervive en el salvador. En el penal de Sensuntepeque habíamos 6 presos políticos, en el de Santa Ana mas de 80. COPPES el comité de presos políticos de el Salvador, volvió a tener vida en las cárceles, ya no clandestinas de quienes, el gobierno y sus a lastres asesinos, ofrecen la muerte como única salida... así viví y recorrí las cárceles injustas del país. Porque, a estas alturas, no he dicho que el delito del que se me acusaba era de ser estudiante universitario miembro de una asociación estudiantil. Solo con el tiempo comprendí que saldría libre con las luchas del pueblo, y las que ellos, habían ofrecido por su libertad. La huelga de hambre fue mi mejor arma para exigir la libertad, mi libertad y la de todos los presos políticos que estaban presos injustamente, y solo exigir mejores condiciones de vida para todos, esa el delito por el cual las cárceles del gobierno se convertían en hangares de exterminio para miles de estudiantes, obreros, campesinos...