Loading...

Che Comandante

viernes, 5 de febrero de 2010

El Mal tiene Cuerpo de Personas

Adolfo Payés

Entré precipitadamente al seminario franciscano en los planes de Renderos, buscando en los brazos del recinto, cobijo protector para mi vida que no sé si pendía, en esos momento, de un hilo. Detrás de mi venían cinco bestias que con ropas siniestras de la muerte seguían mis pasos, ellos me arrastraron, a golpes, me secuestraron en pleno día, y, en seminario de los planes de Renderos. Me vendaron los ojos, y así me llevaron casi arrastras al vehículo en el que me acomodaron con sus fusiles y pistolas machacando la fractura fácil de mi cuerpo. Me tiraron dentro del vehículo... pusieron sus fusiles y sus botas en la espalda, mientras uno sólo, me golpeaba la cabeza. Y me gritaban amenazándome que me matarían chasqueando la pistola simulando un tiro en mi sien... torturas psicológicas que ellos en ese momento utilizaron para presionarme sobre cuerpo atisbando de las torturas que vendrían, y que me hicieron desde el momento de mi captura, de mi secuestro que como bestias harían en mi, lo inimaginable al ser humano... durante cinco días sufrí las horrendas torturas infringidas al ser humano. ¿Pueden personas hacer el daño más cruel a otro ser humano? Preguntas que evidenciaban mi desesperación, la incomprensión me llevaba al desánimo. Torturas que sólo era el preámbulo de que lo que harían en las cárceles de la policía de hacienda. Recorrí los re conditos más siniestros de las cárceles de el salvador. Cuando me secuestraron estuve desaparecido para mi familia varios días. En las cárceles clandestinas torturaron mi cuerpo, golpearon mi enjuto cuerpo con las vestimentas y herramientas que posee el mal. la maldad para mi había aparecido con rostros de personas, con nombres y familia. La capucha se convirtió en el día a día, cada cinco minutos venían a quitarme el valioso aire que necesitan mis pulmones, mi cuerpo para la vida, así durante cinco horas. Las torturas se convirtieron para mi cuerpo en rutina, la electricidad penetraba los huesos que lívidos, ya de sentimiento al dolor, solo crujían en el silencio oscuro del calabozo. Los días que me tuvieron bajo torturas no había alimento, ni agua. Solo había secamente sed y hambre. Me hincaba con el dolor del cuerpo que me subía desde la punta de los pies hasta la cara más esquelética de mi efigie. La sed llegaba a mi cuerpo y buscaba la desesperación de calmarla metiendo la boca a las mas sucias aguas del retrete, de ahí bebía una y otra vez. Con los ojos cerrados bebía el olor mal diciente del servicio, el olor a excremento entraba en mis fosas nasales a golpear mis pulmones llenos de mierda en vez de aire, mi estómago lleno de bacterias en vez de agua. Los días bajo esas torturas choques eléctricos y capucha, golpes más golpes. Más, más, más.... semidesnudo en las celdas del olvido, durante cinco días mi piel sufrió la intemperie de los calabozos de la policía de hacienda. Solo me mantenía en piel la posibilidad de arrancarle de las garras de estas bestias, la ternura de la utopía. La ternura de la posibilidad de convertir lo que estaba sufriendo en el pasado. De convertir la mediocridad de este sistema en al más humano para las mayorías. Eso me mantenía alerta, casi muerto en esas celdas oscuras y fúnebres con gritos de compañeros y compañeras que recién morían en las celdas de la policía de hacienda. Me sacaron en un vehículo en la madrugada de un día del tiempo que estuve en sus garras, y me llevaron a un lago cercano a la capital, en él me lanzaron y me dispararon a lado de la cabeza, las bestias jugaban con mi cabeza a la ruleta rusa. Inmediatamente y al ver que ellos se divertían con mi frágil cuerpo, estaba en sus garras, las garras de la muerte jugaban con mi cuerpo haciendo que sintiera lo más cerca sus caricias. Me tiraron al pavimento de una carretera que cubría sus espantos, pusieron sobre ella mi cabeza, pisotearon mi cuerpo. Dos o uno, no recuerdo muy bien ahora, presionaban sus botas en mi cara, mi cabeza parecía el juego entretenido de la muerte. Y acercaron su vehículo a mi cabeza, sus ruedas aceleraban sobre mi cuerpo inerte y en sus manos la posibilidad de hacerlo añicos en la calle. Será que piensen que fue un accidente al día siguiente, pensaba mientras mi alma disimilaba su miedo con mi cuerpo tembloroso lleno de arrugas por las torturas infringidas por las bestias de la policía de hacienda. Así y en sus menesteres nos atrapó la mañana, el sol casi acariciaba a la muerte que rondaba ya no la noche, si no el día. Volvieron mi cuerpo a las celdas y siguieron, con su trabajo sobre mi cuerpo mas enjuto y sin fuerzas en las garras de las bestias que rondaban los calabozos de la policía de hacienda. El silencio mugriento y mal oliente de la celda era interrumpido por algún que otro grito de una compañera que estaba siendo violada por los esbirros que dilapidaban en ella, o en él, su ansias locas de una paz sobre la tortura, por una paz sobre los desparecidos y los miles de muertos. La celda se habituó a mi, mi cuerpo se hizo parte inconclusa del suelo. El retrete era la fuente de agua fresca que inundaba mi estómago con tanta porquería que recién llenaban los asesinos de la muerte lenta, en mis entrañas. Rutina que se hizo a la celda mis gritos, mis silencios y mis agonías en las clandestinas cárceles de la policía de hacienda.
Recorrí casi todas las cárceles del país, Mariona en la capital. 22 días después me trasladaron a otra cárcel en el pueblo de Sensuntepeque. En ella viví los peores días de mi vida con una, viví la experiencia cruel y encendida de la muerte diaria producto de un sistema injusto que ve en ellas la redención de los asesinos., cuando es todo lo contrario. La muerte es la visita diaria de lo cotidiano. Así viví durante dos años y medio hasta que otra vez, y por fortuna, me trasladaron a la cárcel de la capital. La estancia en ella me duró una semanas, y el traslado se me empezó a hacer rutina, esta vez a la de Santa Ana. Sentí por primera vez el cansancio psicológico de mi agonía. Empecé por primera vez a dormir con los ojos cerrados y con la solidaridad de los otros presos políticos que como yo luchábamos por cambiar el sistema injusto que todavía pervive en el salvador. En el penal de Sensuntepeque habíamos 6 presos políticos, en el de Santa Ana mas de 80. COPPES el comité de presos políticos de el Salvador, volvió a tener vida en las cárceles, ya no clandestinas de quienes, el gobierno y sus a lastres asesinos, ofrecen la muerte como única salida... así viví y recorrí las cárceles injustas del país. Porque, a estas alturas, no he dicho que el delito del que se me acusaba era de ser estudiante universitario miembro de una asociación estudiantil. Solo con el tiempo comprendí que saldría libre con las luchas del pueblo, y las que ellos, habían ofrecido por su libertad. La huelga de hambre fue mi mejor arma para exigir la libertad, mi libertad y la de todos los presos políticos que estaban presos injustamente, y solo exigir mejores condiciones de vida para todos, esa el delito por el cual las cárceles del gobierno se convertían en hangares de exterminio para miles de estudiantes, obreros, campesinos...

6 comentarios:

BB dijo...

Quiero dar gracias al pintor, escultor, poeta-escritor y ante nada, revolucionario comprometido Adolfo Payés por compartir sus vivencias, experiencias necesarias para convertirse en el hombre con sentido critico y social que es hoy en día, en este humilde blog. Y así alentarnos para no dejar de creer y luchar por nuestros ideales en pos del desarrollo social, Adolfo continua hoy realizando a traves del arte denuncias contra los opresores, y esperanza para los oprimidos. Gracias.
BB

azpeitia dijo...

Me has puesto los pelos de punta...que horror...que relato tan alucinante...¿Que habría que hacer con esos monstruos?...se me ocurre de todo...gracias por la información puntual descrita y que hace prevenirnos de lo que puede ocurrir en cualquier lugar del mundo en cualquier momento...un abrazo y mi enhorabuena por tu blog.....azpeitia

Basurero Usurero dijo...

Mmmmm, exterminar no es la voz. Suerte.

Jose Ramon Santana Vazquez dijo...

...el hambre y las ideas son fundamentales adolfo para que sean
tenidas en cuenta por la minoria que
piensa llevarlo todo por delant.lo primero porque un pueblo hambriento no mide barreras y lo segundo porque su luz es un candil lleno de mechas hechas para tomar y dar a los demas sin rezo , credo ,color y religion es el valor de las personas donde la conciencia del amor por el principio del respeto es la prioridad ultima de cada ser viviente en este ir y venir por el ancho mundo , que espero tal vez amigo mio sea alguna parte...


gracias por tu hermosa texto y reflexion humana , un fuerte abrazo y mucha paz en todo tu derredor adolfo.



jose
ramon...

Lisilla/Patty dijo...

"mi cuerpo era parte inconclusa del suelo"
leer esta experiencia es revivir el dolor de todos los que sufrieron como Adolfo...
no tengo palabras, sólo lágrimas y bronca, rabia, porque no entiendo cómo un ser humano puede mal-tratar a otro ser humano...
y lo peor de todo,
esto continúa...
una y otra vez...
¡¡¡¿¿¿hasta cuándo???!!!

Poetiza dijo...

Guardo silencio ante tanta injusticia. Saludos y beso. Cuidate.